MINOU TAVÁREZ MIRABAL
Middlebury College
Vermont, Estados Unidos
6 de noviembre de 2006

En primer lugar permítanme agradecer la invitación que me hicieran para compartir con ustedes en esta Universidad de Middlebury un poco del camino recorrido por las mujeres quisqueyanas en la construcción de su participación política y en el combate de la violencia contra la Mujer. Nunca como hoy el debate sobre estos temas ha tenido mayor relevancia.

Las taínas, para no parirle hijos a los conquistadores españoles, se suicidaban en grupos, en la primera manifestación de participación política de sus mujeres que conoce la historia de la isla que mi país, la República Dominicana, comparte con Haití. Nadie, ningún historiador, lo recoge como tal en un ejemplo más de lo que Luis Vitale llamó, refiriéndose a las mujeres, como “la mitad invisible de la historia”.

Desde entonces hasta hoy, es claro que las transformaciones que ha vivido nuestro país no han sido sólo fruto de las acciones de sus hombres, pero la mayoría de las grandes protagonistas que con ellos participaron son mujeres casi sin rostro, de fisonomía desdibujada por el tiempo, virtualmente sepultadas en la historia. Una de nuestras tareas pendientes sigue siendo rescatar y hacer visible el protagonismo social y político de esas mujeres, sacar del olvido sus logros, sus tragedias, sus aportes y sobre todo resaltar el ejemplo que nos sirve de guía e inspiración para continuar sus pasos.


La violencia contra la mujer ha cambiado significativamente la agenda pública.


Durante mucho tiempo la agenda pública de las mujeres dominicanas se definía en torno a la participación política, entendida ésta como espacio de construcción de procesos democráticos, sea desde los partidos, los parlamentos, municipios y del Poder Ejecutivo. Esta visión, igual que en muchos países, llevó a iniciativas de ley de cupos o ley de cuotas para las mujeres en las diferentes instancias de participación política nacional y a acciones positivas que permitieran garantizar un lugar de importancia en las listas electorales de nuestros partidos políticos.


En los espacios de la democracia, y en los países que encaminan procesos de transición democrática, la participación constituye un eje central de la dinámica política. Esto nos remite a la dificultad para la participación efectiva de las mujeres.

La necesidad de incorporar la “igualdad de oportunidades de la mujer en la política” llevó también a priorizar otros nuevos temas como el empoderamiento de las mujeres y la necesidad de un mayor liderazgo en las tomas de decisiones. Legisladoras y dirigentes partidistas exigen hoy mayores espacios de poder para las mujeres, con miras a construir una sociedad más justa y una democracia más plena.

Lamentablemente, el déficit de representación en nuestro país se manifiesta no sólo en los puestos de elección popular sino también, y principalmente, en las plataformas de los partidos políticos y de las políticas públicas; pues la igualdad política sin mecanismos formales de representación y sin que las mujeres hagamos alianzas para transformar un sistema social dominado por valores masculinos, no es alcanzable.

Sin embargo, a pesar de los logros, el incremento de la violencia de género e intra familiar ha sido de tal magnitud que ha pasado a ocupar las páginas centrales de las agendas públicas de las instituciones gubernamentales, los congresos y en algunos casos, los partidos políticos en tanto demanda tomar decisiones y acciones más enérgicas. La situación no es privativa de la Republica Dominicana, ni de nuestro hemisferio y ha dejado de ser, hace ya mucho tiempo, un tema privado. No puede ser privado cuando de acuerdo con estadísticas de la Procuraduría Nacional y de la Prensa, en República Dominicana tan sólo en los últimos seis años cerca de 911 mujeres de diferentes edades perdieron la vida en femenicidios cometidos -¡en nombre del amor!- por esposos, novios y concubinos. Y en lo que va del año casi 8,000 mujeres han reportado casos de violencia intrafamiliar (recordemos que se trata de un país que tiene menos de 10 millones de habitantes).

Asimismo, datos de la Policía Nacional comprueban que la violencia intra familiar afecta a seis de cada diez hogares dominicanos. Según esta misma fuente, una mujer es violada cada 5 horas y media y al menos un 40% de los niños y niñas dominicanas han sufrido algún tipo de abuso físico, psicológico, sexual o múltiple en el contexto del hogar. Considerando el sub-registro de casos que existe en una gran mayoría de las instituciones públicas de la República Dominicana, las cifras son necesariamente superiores.

En el ámbito legislativo nacional la creación de la Ley 24-97 que sanciona la violencia contra la mujer y la violencia doméstica o intra familiar constituyó un paso de gran alcance en tanto es de carácter penal, contempla algunas medidas en órdenes de protección a las mujeres abusadas, tiene un mayor contenido coercitivo e integra medidas para la modificación de la conducta agresiva. (Ojo con el Nuevo Código Penal y su amenazas!)

Se trata de un objetivo primario para la sociedad dominicana y más específicamente para las legisladoras dominicanas que el Congreso de la República, asuma el fin de la violencia de género. Múltiples iniciativas, se desarrollan al respecto, desde proyectos de leyes y resoluciones dirigidas a implementar campañas contra la no violencia, la creación de mecanismos que permitan un apoyo al cumplimento de la Ley 24-97 y de los compromisos contraídos en el marco de la Convención de Belem do Pará, hasta pedir un compromiso aún mayor de toda la sociedad en favor de la prevención; una tarea imprescindible en la que deben involucrarse todas las instituciones públicas y privadas (desde escuelas hasta medios de comunicación), con el fin de erradicar cualquier actitud, mensaje o práctica que ofrezca una justificación a la violencia de género.

Un poco de historia

Pero las organizadoras de este evento me han pedido que haga un poco de historia sobre las hermanas Mirabal cuyo ejemplo congrega a las mujeres del mundo en la lucha por erradicar la violencia de género cada 25 de noviembre, fecha en que fueron asesinadas.

Minerva, Patria y Maria Teresa, hijas de una familia campesina acomodada de la región Central del país - el Cibao - son figuras emblemáticas de la lucha de la mujer dominicana por la conquista de sus derechos a la participación política y a la construcción de la democracia. Pagaron con sus vidas trillar el camino de las mujeres y hombres dominicanos que hoy vivimos en un régimen político democrático.

Nacidas entre las décadas de 1930 y 1940, tuvieron una niñez y una adolescencia felices, rodeadas de bienestar material y del amor de su madre y de su padre. En una época cuando no era común, y en un lugar donde tampoco era común, ellas realizaron estudios primarios y secundarios y dos de ellas, Minerva y Maria Teresa, lograron vencer la oposición paterna y también realizaron estudios universitarios.

Desde muy joven Minerva, mi madre, la tercera de las cuatro hermanas, se destaca por su gran sensibilidad social y artística y su capacidad de liderazgo, que la conducen muy tempranamente a un despertar político y a consolidar lazos de amistad con otros jóvenes opositores al régimen, en el opresivo ambiente de la larga dictadura trujillista, de 31 años, probablemente, la más sangrienta que haya padecido nuestra región.

Ha adquirido ribetes de leyenda el episodio ocurrido en Julio de 1949 cuando asiste a una fiesta como acompañante de su padre y Trujillo se fija en ella por primera vez, atraído por su prestancia y belleza. Menos de tres meses después, en Octubre, la familia es invitada a otra fiesta en honor a Trujillo y, de manera explícita, se le solicita a su padre que traiga a su hija Minerva. Allí Trujillo quiere seducirla, a lo que ella se niega poniendo de manifiesto una confrontación política que no desea ocultar – mediante la defensa de un opositor - y que la conducirá a cárceles, torturas, prisiones domiciliares y finalmente a la muerte junto a sus hermanas Patria y María Teresa.

Ella fue quien propuso a un grupo de amigos y familiares la articulación de un grupo político militar nacional para enfrentar al régimen. El objetivo: derrocar la dictadura e instaurar un gobierno democrático.

Participó, junto con otra mujer (Dulce Maria Tejada Gómez) y 12 hombres, en la reunión constitutiva del Movimiento Político 14 de Junio. Si bien no es electa para la directiva, su propuesta de sustentar ideológicamente a la organización en el Manifiesto del Movimiento de Liberación Nacional, enarbolado por una frustrada invasión en Junio de 1959, es asumida por el grupo. Testimonios orales hablan del gran desarrollo político e intelectual de Minerva, así como de su capacidad organizativa mostrada en las reuniones y en la articulación del grupo.

Rápidamente, el régimen descubre la existencia de esta organización y de nuevo Minerva, junto con su hermana Maria Teresa, quien también formaba parte del Movimiento Político 14 de Junio, es encarcelada. Ahora bien, no son ellas las únicas encarceladas. También fueron confinados a las tenebrosas cárceles del tirano, los maridos de las tres hermanas y uno de los hijos de Patria, así como varios miles de hombres y mujeres que formaban parte de este movimiento nacional de oposición, diseminado por las más importantes provincias del país. Muchos cayeron asesinados, algunos después de horribles torturas.

Las presiones de la comunidad internacional y en el país de parte de la Iglesia Católica (que hasta ese momento habían sido pilares de apoyo a la dictadura) hace que excarcelen a muchos de los presos políticos. La historia da cuenta de la ira que provocaban en el tirano los informes de que Minerva, en las dos ocasiones en que fue puesta en libertad se dedicaba de inmediato a reestructurar el movimiento opositor. “Los únicos problemas de mi gobierno –llegó a decir públicamente- son la iglesia y Minerva Mirabal.” La decisión de asesinarlas ya estaba tomada.

Seis meses después de que las Mirabal fueran asesinadas a palos, y en gran medida motivados por el horror de ese crimen sin precedentes, el 30 de Mayo de 1961, un grupo de dominicanos lleva a cabo con determinación el ajusticiamiento de Trujillo y se inicia entonces el proceso de construcción de la democracia dominicana.

Algunas reflexiones

A menudo me he preguntado, por qué en la década de los años 40 y 50, Minerva y sus hermanas desarrollan liderazgos sociales y políticos, en el contexto de una sociedad tradicional, donde el imaginario colectivo confinaba a las mujeres en roles de la esfera doméstica.

Quizás la respuesta está en el hecho de provenir de una familia conformada mayoritariamente por mujeres, lo que permitió que ellas pudieran asumir esos roles no convencionales para la época.

Luego de años de intentos fallidos Minerva logró vencer el temor y la oposición familiar y se fue a estudiar a la universidad en 1952 donde, conmigo ya nacida y embazarada de mi hermano, se gradúa de Dra. en Derecho (Summa Cum Laude) pero, asediada por el régimen, nunca se le permitió ejercer su profesión. En la Universidad cultivó nuevas e importantes relaciones con miembros destacados de la oposición trujillista, y seguía los avances de las luchas libertarias de la región a través de la radio internacional que escuchaban de manera clandestina.

Mujer de gran vitalidad, además de todos estos liderazgos y de su cultivo intelectual y político sistemático, se dedicaba a otras aficciones relacionadas con el arte y la artesanía. Pintaba, esculpía, escribía versos, declamaba, era una lectora voraz. Bordaba, cosía, cultivaba la jardinería.

Esta mujer de gran entereza y madurez política, jugó un rol importante como ideóloga y creadora del Movimiento Político 14 de Junio en 1959 junto a un grupo de hombres y de otra mujer. Sin embargo, le tocó a mi padre, otro gran héroe de la democracia dominicana, ser el presidente de este movimiento. Algunos testimonios dicen que era ella la persona de mayor liderazgo, firmeza, capacidad organizativa y claridad política para dirigir al grupo, pero en esa época era inconcebible y, tal vez aún lo es ahora, que una agrupación política formada mayoritariamente por hombres fuera dirigida por una mujer.

Creo que aún las mujeres dominicanas tenemos una deuda con Minerva Mirabal: investigar y rescatar del olvido su importante liderazgo en tanto precursora de la construcción de una nueva etapa política en la República Dominicana, orientada a construir nuestra democracia.

Su papel de líder en el combate a la dictadura trujillista, es reconocido precisamente por uno de sus más encarnizados enemigos y probablemente el urdidor directo del asesinato de Minerva y sus hermanas. Jhonny Abbes García, Director del temible Servicio de Inteligencia Militar, quien se refiere a Minerva en sus memorias “Trujillo y yo”, de la siguiente manera. Cito:

“Minerva Mirabal era la que había llevado la semilla de la sedición a su familia y probablemente había contagiado a su esposo, el Dr. Manuel Tavárez Justo ...enferma de izquierdismo radical, el cual andando el tiempo la condujo a la muerte y llevó la tragedia a su familia”.

Minerva, María Teresa, Patria, las hermanas Mirabal se han convertido en mujeres emblemas del mundo, desde que el movimiento feminista de América Latina iniciara en 1981 y luego una resolución de las Naciones Unidas en 1999 declaró el 25 de noviembre como el Día Mundial por la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en honor a esas tres heroínas dominicanas.

Para concluir, unas ultimas palabras sobre la larga lucha de las mujeres dominicanas, me parecen necesarias. Muchos años nos ha costado llegar donde hemos llegado. Las organizaciones de mujeres han jugado un rol de primera importancia para lograr colocar los temas de género en la agenda pública de nuestro país.

El proceso de denuncias, movilizaciones, propuestas de leyes y cabildeo para su aprobación ha sido largo, pero sobre todo, y lo quiero destacar especialmente, ha sido el fruto de nuestra capacidad de buscar consensos, de elaborar estrategias y establecer prioridades y calendarios, de ponernos de acuerdo por encima de las banderías partidarias o de los temas conflictivos y lograr el acceso, peldaño a peldaño, muchas veces teniendo que retroceder, de más mujeres a los espacios desde donde se toman las decisiones que cambien la política.

Todavía nos falta mucho por hacer, pero también es mucho lo que hemos logrado. En este camino Minerva, Patria y Maria Teresa nos han acompañado y legitimado nuestras luchas. Y en el marco de este encuentro, junto con ustedes amigas y amigos, queremos una vez más elevar nuestra voz y decir que Minerva vive, que las Hermanas Mirabal viven, ya no sólo en República Dominicana, sino aquí, entre ustedes, ahora y cada vez que su ejemplo deja de ser invisible y sirve para repudiar la violencia que nuestras sociedades han ejercido en contra de las mujeres y nos guía en el largo camino para construir una cultura de paz en nuestros países latinoamericanos y en el mundo.

Y en ocasiones como ésta que nos convoca hoy, me consuela pensar que no se equivocó mi madre cuando ante las advertencias que se le hacían sobre lo peligroso que era enfrentarse a Rafael Leonidas Trujillo, Minerva contestaba siempre con la misma frase:

“....Si me matan, yo sacaré mis brazos de la tumba y seré mas fuerte.”

Muchas gracias